A la finalización de los trabajos, y cuando es requerido, realizamos pruebas específicas de vibración, temperatura y alineación para verificar que todos los ajustes y reparaciones efectuados en la línea propulsora funcionan correctamente. Estos controles permiten confirmar que el sistema trabaja dentro de los valores adecuados y que el cliente percibe de forma directa la mejora obtenida tras la intervención.
Posteriormente, llevamos a cabo la prueba de mar, donde evaluamos la respuesta real del conjunto propulsivo a las revoluciones y velocidad de crucero del yate. Durante esta fase comprobamos nuevamente las vibraciones, la temperatura operativa y el comportamiento de la alineación bajo carga, identificando cualquier posible deficiencia o confirmando, en caso de haber realizado una revisión o reparación, que la línea propulsora ha mejorado su rendimiento y eficiencia en navegación.





